LLUÍS JIMÉNEZ ARREBOLA, PRESIDENTE DEL 2º CONGRESO PROFESIONAL DE DIRECTORES DE SEGURIDAD


LLUÍS JIMÉNEZ ARREBOLA, PRESIDENTE DEL 2º CONGRESO PROFESIONAL DE DIRECTORES DE SEGURIDAD
“El director de seguridad es el eje vertebrador de la seguridad privada”
“Con un alto nivel humano y cualitativo en las ponencias, el 2º Congreso, como línea de continuidad del anterior, marcará un antes y un después de la presente edición”
Lluís Jiménez es doctor en Sociología por la Universidad de Barcelona; su especialidad es la Sociología de la Seguridad. También es Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración, por la Universidad de Barcelona y actualmente preside la Asociación de Directivos de Seguridad Integral (ADSI).

- En su calidad de presidente del II Congreso Profesional de Directores de Seguridad, nos gustaría conocer su opinión sobre la importancia de este evento.
En el año 2005, la celebración del I congreso abrió una puerta de esperanza para el futuro profesional de los directores de seguridad. Con ello quiero hacer referencia a dos cuestiones básicas: por una parte, a la tan ansiada actualización del marco jurídico de la seguridad privada y, por otra, a la adaptación de las funciones del director de seguridad a la nueva realidad social que vive el mundo occidental en el presente siglo.
Pero tampoco quisiera centrar el contenido de esta entrevista en lo que parece sean aspiraciones de los directores de seguridad. Quiero matizar que nuestra actividad laboral viene marcada por el carácter directivo de nuestra función. Este hecho precisamente nos condiciona en tanto y en cuanto debemos estar presentes en el proceso de toma de decisiones estratégicas que efectúe nuestra organización en cuanto a seguridad. Además, el director de seguridad es el garante de una parte importante de los intereses de un sinfín de organizaciones y entidades, tanto públicas como privadas, tanto en su calidad de proveedoras, como de usuarias de seguridad, e incluso condiciona la propia formación en materia de seguridad.
Con lo anterior, quiero decir que el director de seguridad es el eje vertebrador de la seguridad privada, y debe ser tratado como tal por parte de todos los actores implicados. Sin embargo, el círculo no se cerrará si los directores de seguridad no somos capaces de hacer llegar el mensaje adecuado que nos haga ganar estatus y con ello capacidad de influencia en nuestras propias organizaciones. Además, nuestro trabajo también influye en buena medida en la seguridad pública, es decir, una correcta política de seguridad a nivel nacional debe contar necesariamente con la participación de la seguridad privada y son los directivos en seguridad los más indicados para ello.

- ¿Cuál van a ser las prioridades de la organización del congreso?
El lema escogido: “Nuevos retos, nueva ley” pretende aglutinar este sentimiento del que hago mención en la pregunta anterior, y nuestro cometido consiste en conseguir un alto nivel humano y cualitativo en las ponencias, debatiendo los temas que más preocupan al sector. Si somos capaces de conseguir seleccionar perfectamente estos temas, nuestro objetivo de que este II congreso, como línea de continuidad del anterior, marque un antes y un después de la presente edición, estará conseguido.
Los nuevos retos del director de seguridad son amplísimos, tanto en cuanto a las funciones del directivo, como a la forma de enfocar la naturaleza de su actividad. Vivimos en un momento de tremenda exigencia laboral y el director de seguridad debe estar a la altura de la exigencia de las organizaciones de hoy día. No sólo en cuanto a la forma de realizar su trabajo, sino a dotarse de nuevos nichos laborales y ser capaz de gestionarlos.

- Háblenos más de este último tema.
Es evidente que el comportamiento de la demanda en materia de seguridad está viviendo un crecimiento en todos los órdenes. La respuesta desde el mundo de la seguridad privada en ciertos casos está condicionada por el margen normativo, ya que éste no ha variado desde hace unos años, y por la costumbre imperante en el sector. Sin embargo, en la actualidad, el director de seguridad que percibe estos cambios sociales intenta adaptar su actividad a esta nueva realidad, y lo está haciendo, pero tiene un doble handicap. El primero viene de lo que ha representado la propia esencia de su trabajo, y cuando un sector laboral pretende abarcar nuevos retos y un nuevo futuro, ello no es fácil. El segundo viene condicionado porque el R. D. 2364/94 condicionó sus funciones, las funciones de su departamento, un tipo de organizaciones en las cuales debería figurar de forma obligatoria, es decir, su propia capacidad de crecer.
Siendo una profesión regulada, lo que pretendemos es que el director de seguridad esté presente cada día más en la empresa privada y en la propia Administración Pública, todo ello con un objetivo multidimensional muy claro: mejorar de la seguridad de las organizaciones, lo que revierte en aspecto tangibles e intangibles muy claros (mayor seguridad en sus instalaciones y calidad en su forma de producción es igual a mayor demanda). Por otra parte, la mejora de la seguridad pública (nuestra contribución es necesaria) contribuye a una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.

- ¿Qué opina del papel de la Administración?
La Administración debe reaccionar, el marco jurídico actual no resiste más, son tantos los aspectos normativos que hay que corregir para mejorar el sector que desde la seguridad privada entendemos que una mayor dilatación del plazo para cambiar la norma, redundaría en perjuicio del sector y de la sociedad en sí misma.
Es por ello, que en este II congreso va a surgir con fuerza una petición para que la Administración dé los pasos necesarios para este ansiado cambio normativo que, estamos seguros, son conscientes de su necesidad. Esta demanda de reacción de la Administración ante el conjunto de las cuestiones que se van planteando, se manifestó ya en el I congreso y, como es lógico, después de dos años no admite más dilaciones.
- ¿Qué aspectos se deben mejorar sobre la figura del director de seguridad?
En relación a la figura del director de seguridad cabe reseñar que las modificaciones que se aborden deberán permitir la ampliación de los supuestos registrados ahora en el art. 96.2 de existencia obligatoria del director de seguridad, que hoy es muy limitado y confuso. Con una identificación formativa adecuada con control de los contenidos, ya que hoy están distantes de la necesidad real, lo que deberá llevar a la creación de una especialización universitaria, hecho que certificaría de forma definitiva un reconocimiento social de la actividad del director de seguridad.
La figura del director de seguridad es esencial en el contexto de la seguridad privada en nuestro país. La evolución que defina contribuirá de forma determinante en el futuro de la seguridad privada. En este sentido debo ser optimista y recordarle como era el perfil medio del director de seguridad hace pocos años, cuál era su formación, su procedencia y cómo se están manifestando en la actualidad unos cambios en ese perfil. Cambios que se perciben en las entrevistas que, por ejemplo, su publicación muestra. Esto debe de alentarnos a todos. Esta misma idea la he venido repitiendo desde que me incorporé profesionalmente a este sector y hoy, más que nunca, tiene especial vigencia.
Si seguimos con el recorrido por las cuestiones fundamentales que deben incidir en la consolidación de esta mejora de la figura del director de seguridad, diremos que una parte importante de esa mejora se deberá a un proceso formativo completo que ya hemos comentado. También deberá encontrar un reconocimiento en el entorno de la empresa en el que desarrolle su trabajo, incorporándose a esa cultura que se desenvuelve en el espacio de la empresa, accediendo a ese espacio de relación y de convivencia. La fórmula más idónea es haciendo efectivos los mismos valores, los mismos objetivos, utilizando el mismo lenguaje. Esa incorporación no debe diluir su propio perfil de figura especializada, explícitamente profesionalizado, que es su propia cultura.
En esta expectativa se ha de desenvolver el trabajo del director de seguridad, aunque el paisaje legal sea el que es y la figura del director se vea desde la organización de la empresa de forma débil. Mejorará en la medida que mejore su capacidad organizativa y ejecutiva, y sepa hacer frente a las contingencias que se presenten. Pero sobre todo, como he comentado en algún momento de esta entrevista, es necesario que el director de seguridad ocupe nuevas responsabilidades gestoras en su organización y que la normativa le ampare, ampliando el arco de empresas y organizaciones donde esta figura sea obligatoria.

- Según usted, ¿qué otros aspectos se pueden y se deben mejorar?
Contemplando la necesaria modificación de la legislación actual se ha de permitir que los ámbitos de trabajo de los servicios de seguridad privada no sean restrictivos sino complementarios con los que pueda ofrecer la seguridad pública, permitiendo a su vez la adecuación a la realidad social del sistema de seguridad existente. También en este camino debe ir la orientación normativa.
La redefinición de las funciones y atribuciones para los servicios de seguridad, incluyendo la necesaria consideración para los miembros de la seguridad privada del carácter de agentes de la autoridad. El desarrollo de su carrera profesional, con una mejor formación y con la asignación del carácter de agentes de la autoridad. Que los servicios de seguridad se establezcan a través del director de seguridad y que se definan diferentes escalas dentro de la dirección de seguridad, según la magnitud del servicio.
El sector de la seguridad privada adolece de un grave problema de carencia de personal. Factores extrínsecos como la mejora de la situación general de la economía y la consiguiente disminución de los niveles de desempleo, y factores intrínsecos a nuestro sector han ocasionado esta situación. Según algunas fuentes, se estima en más 21.000 el número de personas que podrían incorporarse al sector. Si este cambio se consigue llevar a cabo, no sólo se cubrirían las expectativas sociales de la demanda, sino que mejoraría la calidad de los trabajadores. También creo que debiera sustituirse el actual proceso de habilitación por un procedimiento de potenciación y control de los centros de formación homologados. Alternativamente, de no considerarse esta opción por el legislador, debiera en todo caso modificarse el sistema de pruebas teóricas y prácticas, bien eliminando determinadas pruebas físicas, bien introduciendo una valoración no eliminatoria de las mismas.
Una cuestión interesante es el caso de Holanda, donde se regula la figura del vigilante en prácticas durante un período máximo de seis meses. Se trataría de una habilitación provisional durante un período de tiempo limitado que permitiría garantizar la permanencia en el sector de aquellos candidatos que han superado el proceso de formación previa.
Es preciso reformar el proceso de acceso a la profesión de vigilante, pieza básica en el esquema de la seguridad privada. Aunque deben valorarse positivamente los esfuerzos realizados por la Dirección de la Policía, en cuanto al incremento del número de exámenes, los candidatos que acceden a las empresas deben esperar más de seis meses hasta que pueden desempeñar las funciones de vigilante de seguridad, por lo que acaban abandonando nuestro sector.
En cuanto al tema del personal, finalmente se debe afrontar la reforma legal que permitiera que los nacionales no comunitarios accedan a la profesión de vigilantes de seguridad, con los oportunos controles que se establezcan en cuanto a idoneidad y formación.
Los directores de seguridad entendemos que las funciones que la sociedad y las propias Administraciones Públicas desean asignar a las empresas y trabajadores del sector de seguridad privada se han modificado significativamente, a causa del entorno social cambiante, desde el momento de la aprobación de la Ley 23/1992. Por ejemplo, en países como Suecia la posibilidad de que agentes de seguridad privada puedan realizar rondas en zonas comerciales supone una clara mejora de la seguridad ciudadana, sin por ello interferir indebidamente en los derechos de los ciudadanos. En países de origen anglosajón, las empresas de seguridad desempeñan funciones como el control de las prisiones. En países como Alemania, las empresas de seguridad cuidan del tráfico.
En cuanto a las empresas de sistemas de seguridad, es necesario de una vez por todas acabar con el intrusismo en la profesión. Debe existir una especie de norma asociada a toda instalación que los propietarios de la misma deban poseer. A partir de este momento, conseguiremos acabar con prácticas intrusistas.
También es necesario suavizar la rigidez con que la norma trata a determinados colectivos, como por ejemplo el de las entidades financieras, hay que pensar que éstas son las que mayor interés tienen en poseer las mejores condiciones de seguridad. Es por ello que deben tener mucha más autonomía a la hora de mejorar y modificar sus sistemas de seguridad.
Como conclusión, quiero hacer hincapié en el lema de nuestro congreso, “nuevos retos, nueva Ley”, que para nosotros significa una brisa de esperanza para la mejora integral del sector de la seguridad donde entendemos que nuestro papel deber ser cada vez más importante.

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