Jóvenes: la crisis de valores dispara las alarmas. Parte 1 ¿Qué está pasando? ¿Por qué deambulan de esta manera los que están llamados a construir el futuro?


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Jóvenes: la crisis de valores dispara las alarmas. Parte 1 ¿Qué está pasando? ¿Por qué deambulan de esta manera los que están llamados a construir el futuro? Los padres se lamentan, tiran la toalla y, en el peor de los casos, conceden a sus hijos cuanto piden. El problema es complejo y hay que abordar numerosos factores y contar con múltiples actores para analizarlo y buscarle una solución. En cualquier caso, la pregunta es inevitable: ¿Existe una crisis de valores en los jóvenes? La respuesta, al contrario de la canción de Bob Dylan, no está en el viento sino en la propia realidad. «Sí, hay una crisis de valores», afirma rotundamente Juan Manuel Roca, un joven profesor universitario que, en su reciente libro «El reino de la humildad», construye una fábula sobre «la importancia de conceptos como la humildad, el respeto y la prudencia, y los perjuicios que originan la avaricia y la soberbia». He aquí algunos de los aspectos que describen la situación juvenil. Los adolescentes y jóvenes españoles han vivido una etapa de prosperidad y de bonanza en la que apenas necesitaban balbucear el deseo de un capricho para tenerlo al instante. Es la sociedad del consumo, del dinero fácil, de tener todo a pedir de boca. «Los jóvenes de ahora —explica Juan Manuel Roca— no han interiorizado que hay que ganarse las cosas con esfuerzo, ya que con una mirada a sus padres han visto satisfechos sus deseos». Además, la libertad ilimitada de que ha disfrutado una parte significativa de la juventud ha derivado en un excesivo permisivismo y en la reivindicación como derechos actitudes perversas y lesivas para el otro. SÍNDROME DE PETER PAN El riesgo de la eterna adolescencia. ¿Están sobreprotegidos nuestros jóvenes? ¿Corremos el riesgo de dejarles en una permanente adolescencia y de abocarles a cometer errores? Estas y otras preguntas surgen ante sus comportamientos y actitudes contradictorias. En efecto, psicólogos y pedagogos coinciden en que se están adelantando ciertos comportamientos de riesgo como el consumo de alcohol y otras drogas, así como conductas sexuales improcedentes y hasta delictivas. Al mismo tiempo, les cuesta desplegar plena y saludablemente su personalidad, lo que les lleva a quedarse anclados en una suerte de «adolescencia permanente», que perturba su proceso de maduración y condiciona su proyecto vital, según el profesor de Educación de la Complutense, Valentín Martínez-Otero, que coincide con Juan Manuel Roca en este diagnóstico. Ahora, la crisis económica, «podría constituir un terreno propicio para la germinación de cambios significativos, tanto en la dimensión personal como en la familiar, laboral y social», asegura Martínez-Otero. Los problemas laborales y los nuevos desafíos podrían generar una nueva conciencia y un mayor compromiso. Sin embargo, para afrontar la situación de la mejor manera y sacar conclusiones positivas, psicólogos y pedagogos entienden como imprescindible una «reevaluación de las conductas» y una mayor sensatez y prudencia. Los padres pueden potenciar mayor tolerancia, más racionalidad en los gastos y una educación para el consumo responsable. Y sobre todo, «el cultivo del esfuerzo para conseguir las metas, porque el trabajo escasea y hay que prepararse bien». La cultura del «todo vale» no garantiza nada. CONDUCTAS DE RIESGO: LA BESTIA INTERIOR Las denuncias de agresiones sexuales entre menores y a menores hacen saltar todas las alarmas acerca del clima en que se educan los jóvenes. En el análisis de estos comportamientos y más allá del debate sobre la reforma de la Ley del Menor, el psicólogo y ex presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, Javier Urra, asegura que vivimos en un clima pernicioso, sin valores, donde se banaliza la sexualidad y se fomenta el hedonismo, el nihilismo y el relativismo desde edades muy tempranas. Entiende Urra que, pese a que en general los padres se esfuerzan en hacerlo bien, falla la educación. Los chicos no saben dónde está el límite entre lo admisible y lo prohibido. Y es que los padres deben transmitir criterios limpios y principios de respeto al prójimo y a la vez equilibradamente cultivar la autoestima de sus hijos. La familia y la escuela deben trabajar juntas para que florezcan valores tales como la verdad, la sabiduría, el estudio, el respeto, la honradez o el compañerismo. ALCOHOL: BEBER HASTA LA EMBRIAGUEZ Las encuestas sobre hábitos nocivos de los jóvenes no bajan su nivel de alarma. Las últimas cifras de los observatorios revelan que medio millón de adolescentes se dan atracones de alcohol cada fin de semana, la mayoría haciendo botellón, y que los jóvenes se emborrachan cada vez más. La tozudez estadística refleja que en los últimos diez años se ha duplicado el número de jóvenes que, por sistema, se embriagan los fines de semana. En muchos casos, los adolescentes apenas tienen 13 años y se atiborran de mezclas de bebidas de alta graduación sin que sus padres lo sepan. Todo ello lleva a Sanidad a recordar que la familia y su estilo educativo son determinantes en la actitud de los jóvenes ante el alcohol y alertan de esta «es una actitud que no debe ser aceptada, ya que en la adolescencia no existe el consumo responsable de alcohol». Pero pocos padres aceptan el problema. Fuente: Agencia EFE.

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