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martes, 27 de noviembre de 2012

Cuál sería entonces la manera correcta de enamorarse? Para Antoni Bolinches, sería necesario fundamentar ese enamoramiento “en las aportaciones recíprocas, no en las demandas recíprocas. Cada uno de nosotros somos tres: el padre, que dice lo que deberíamos hacer; el niño, que quiere hacer lo que le apetece; y el adulto, que es el intermediario entre ambos”. ¿Qué pasa cuando nos enamoramos? “En realidad, se enamora el niño. Pero es el adulto –concluye el psicólogo– el que debería gestionar ese sentimiento”.


Se enamoran igual hombres y mujeres?

Dicen los tópicos que los hombres se enamoran por los ojos y las mujeres por el oído; que ellos las prefieren jóvenes y ellas a alguien a quien admirar; que las mujeres dan mucha más importancia al amor que los hombres; que ellas son más enamoradizas; que ellos pueden desligar con más facilidad el amor del sexo… ¿Hay algo o mucho de verdad en estos tópicos?, ¿qué les motiva a enamorarse?, ¿tan diferentes son cuando pierden la cabeza por amor?

“Creo que el enamoramiento puede estar motivado por razones distintas en hombres y mujeres”, considera Antoni Bolinches, psicólogo y sexólogo y autor del libro "El arte de enamorar". ¿Existe algo parecido a un hombre ideal? ¿Cómo lo moldearían si pudieran elegir las piezas? Bolinches razona que, en general, “la mujer se fija primero en la inteligencia; luego, en la simpatía, si se divierte con él; y, por último, en la personalidad, en que sea un hombre maduro, magnético”. Pero también añade que con todo, la inteligencia masculina que enamora es “la constructiva, la que hace que una mujer se sienta bien, no la inteligencia que apabulla”.

¿Y los hombres?, ¿de qué se enamoran? “Al principio, se enganchan por el atractivo femenino, pero, con el tiempo, esa atracción disminuye. Y, entonces, necesitan que esa relación sea más o menos cómoda. Buscan una compañera de viaje que suponga un apoyo emocional”. Pese a seguir siendo así, las pautas están cambiando. Para Victoria Ferrer, profesora de Psicología Social de la Universitat de les Illes Balears, “las mujeres cada vez se fijan más en el físico y los hombres, en aspectos como la inteligencia o el estatus. Podríamos decir –completa– que ambos necesitan ingredientes parecidos para enamorarse y que lo que cambia son las proporciones”.

La mujer se ha incorporado al mercado laboral y no se conforma con los roles de madre y esposa. Por tanto, las formas de enamorarse e iniciar una relación también están cambiando. “Actualmente conviven el mito de la princesa, que ha imperado hasta hace poco, y la mujer autosuficiente”, explica Ferrer. Es decir, conviven el deseo de encontrar un príncipe azul “que te salvará y será el centro de tu existencia” y el deseo de encontrar un hombre que sea fuerte pero también “sensible, tierno, comprensivo…” con el que compartir la vida.

Para Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona, “el desencuentro actual entre hombres y mujeres está vinculado a una diferente velocidad de cambio de los modelos de género. Las mujeres –ilustra– han cambiado muy rápidamente, han aceptado nuevos roles y responsabilidades. Y quieren que los hombres sean capaces de hacer lo mismo: que sean compañeros, que sepan cuidar de la familia, querer, compartir. Y, sin embargo, el ritmo de cambio del género masculino está siendo mucho más lento”.

Aun así, los expertos consultados señalan que el amor sigue siendo un aspecto más importante en la vida de las mujeres. Lo que explica, por ejemplo, “que ellas sean más enamoradizas”, señala Antoni Bolinches. Como señala Marina Subirats, “hombres y mujeres se enamoran de manera diferente, porque los modelos de género son diferentes. Socialmente, una mujer sin pareja ha sido desvalorizada durante muchos años, por lo que el amor es en muchos casos una necesidad vital para existir como persona”. Por eso, el estudio "El concepto de amor en España", realizado por Victoria Ferrer y otros investigadores de la Universitat de les Illes Balears, muestra que los hombres prefieren el estilo de amor lúdico, caracterizado por interacciones casuales, con poca implicación emocional, ausencia de expectativas futuras y evitación de la intimidad y la intensidad. “Para los hombres todavía está menos penalizado ir de relación en relación –explica Victoria Ferrer– y muchas mujeres siguen creyendo que el amor es para siempre, que existe una persona predestinada para ellas”. Otra conclusión es que hombres y mujeres de más edad valoran mucho el amor amistoso, un compromiso basado en los valores comunes y la amistad. Asimismo, las mujeres son más partidarias del amor pragmático, una mezcla de amor amistoso y amor lúdico. “Es la búsqueda racional de la pareja ideal, que cuadra con la idea de muchas mujeres del amor como refugio, aunque esto está cambiando y cada vez se ve menos”, recalca Ferrer. 

¿Cuál sería entonces la manera correcta de enamorarse? Para Antoni Bolinches, sería necesario fundamentar ese enamoramiento “en las aportaciones recíprocas, no en las demandas recíprocas. Cada uno de nosotros somos tres: el padre, que dice lo que deberíamos hacer; el niño, que quiere hacer lo que le apetece; y el adulto, que es el intermediario entre ambos”. ¿Qué pasa cuando nos enamoramos? “En realidad, se enamora el niño. Pero es el adulto –concluye el psicólogo– el que debería gestionar ese sentimiento”.



Fuente: adaptación del diario La Vanguardia.